Fordland expedition
110,000 km2 de utopía moderna a ecotopías contemporáneas.
Por : Maximillian Nowotka
En el corazón del Amazonas, donde el río Tapajós se une al caudaloso Amazonas, se encuentra Santarém, punto de partida hacia un viaje en el tiempo. A seis horas de navegación, emerge un vestigio de la ambición desmedida de Henry Ford: Fordlandia. En la década de 1920, este estadounidense soñó con transformar un fragmento de selva en una réplica idealizada del Medio Oeste americano, un escenario digno de una película¹.
La visión de Ford surgió en una época en que la Amazonía, a pesar de su vasta extensión, apenas contribuía con el 2,3 % del caucho mundial². Sin embargo, entre 1879 y principios del siglo XX, antes de que la producción se trasladara a Asia, la selva amazónica dominaba el mercado, proporcionando el 95 % del caucho consumido a nivel global³. Ford, motivado por la necesidad de asegurar el suministro de caucho para su creciente imperio automotriz, concibió la idea de establecer una gigantesca plantación en el corazón de Brasil⁴.
En 1927, Ford se reunió con las autoridades de Pará, en el norte de Brasil, y juntos firmaron un acuerdo que otorgaba a su empresa una extensa franja de tierra a orillas del río Tapajós⁵. Poco después, barcos cargados de materiales y trabajadores comenzaron a surcar los ríos amazónicos, transportando los elementos necesarios para construir Fordlandia. Este asentamiento, que abarcaba más de 110.000 kilómetros cuadrados, una superficie similar a la del Arco Minero del Orinoco en Venezuela⁶, fue concebido no solo para la producción industrial de caucho, sino también como un hogar para los estadounidenses que se trasladaron desde Estados Unidos y para los empleados locales.
La utopía de Ford era crear una ciudad en medio de la selva, un oasis de modernidad en un entorno natural desafiante. En 1928, Henry Ford se embarcó en su proyecto más audaz y arriesgado: la construcción de una ciudad a orillas de un río en la Amazonía. Este proyecto representaba un desafío monumental, muy diferente de la gestión de su fábrica en Michigan⁷.
La búsqueda de Ford por el codiciado material para sus neumáticos, mangueras y otras piezas automotrices lo llevó a aventurarse en un mercado dominado por los europeos, quienes controlaban la producción de caucho a través de sus plantaciones en el sudeste asiático⁸. Impaciente por depender de otros y sus tarifas de importación, Ford decidió seguir adelante con su ambicioso plan.
Fordlandia se impregnó de los valores estadounidenses de la época: se prohibió el alcohol, se impusieron pautas de alimentación, se establecieron códigos de vestimenta y se implementaron horarios de trabajo inflexibles, similares a los de su fábrica en Detroit⁹. Sin embargo, las condiciones en la selva eran diametralmente opuestas a las de Michigan. En lugar de clima templado, los trabajadores de Fordlandia tuvieron que soportar la humedad sofocante, las altas temperaturas y otros desafíos propios de la selva.
A pesar de las dificultades, Fordlandia contaba con una infraestructura sorprendente. Además de la plantación de caucho, la ciudad tenía una escuela, una piscina, un sistema de agua potable, generadores eléctricos, un aserradero, restaurantes, tiendas, un salón de baile, un cine y un hospital diseñado por Albert Kahn, el arquitecto de Detroit que había trabajado en varios proyectos de Ford¹⁰.
En teoría, Ford tenía en sus manos una maravilla utópica. Sin embargo, la realidad fue muy diferente. Fordlandia se convirtió en una experiencia tan épica como surrealista¹¹.
Durante la planificación del proyecto, numerosos expertos advirtieron a Ford y a su equipo sobre la naturaleza descabellada de su idea. El personal externo no logró seleccionar las semillas de caucho adecuadas ni implementar procesos de distribución efectivos, lo que resultó en plagas y pérdidas de cosechas. El clima amazónico, si bien favorecía el crecimiento de las plantaciones, también propiciaba la propagación de enfermedades en los campos de monocultivo¹².
Tras la Segunda Guerra Mundial, la compañía enfrentó una serie de desafíos que comprometieron la rentabilidad de su operación en la Amazonía. La aparición del caucho sintético en el mercado y la liberación de las plantaciones asiáticas del dominio japonés afectaron la demanda de caucho natural¹³. Además, el personal extranjero no logró adaptarse a las difíciles condiciones de vida en la selva: las altas temperaturas, las crisis nerviosas de los habitantes y las fiebres tropicales fueron algunas de las causas de deserción en el campamento de caucho¹⁴.
A pesar de los buenos salarios, la vivienda, la atención médica y la educación que Ford ofrecía, en 1930 los empleados protagonizaron una rebelión que obligó a los directivos a huir en barco y a solicitar ayuda a los militares para controlar el territorio¹⁵. El resultado fue irreversible: Fordlandia había fracasado.
Pocos años después, en 1934, Ford intentó establecer una nueva comunidad en Belterra, a unos 40 kilómetros de Santarém, en el mismo estado de Pará. En esta segunda expedición, la producción de caucho alcanzó apenas 750 toneladas, muy por debajo de las 38.000 previstas para cubrir la demanda de sus fábricas¹⁶. El sueño utópico de Fordlandia llegó a su fin a mediados de la década de 1940, cuando el nieto de Henry Ford decidió abandonar el territorio amazónico y entregar los dos antiguos asentamientos caucheros a las autoridades brasileñas.
Tras el estrepitoso fracaso de este proyecto moderno, hoy en día no queda casi nada del campo de golf ni del hospital de cien camas. Aunque algunas casas aún se mantienen en pie, su estado es ruinoso y deteriorado. En Fordlandia viven aproximadamente 2.000 personas, en medio de las ruinas de esa utopía que se esbozó hace casi 100 años. Muchos de los habitantes son descendientes de los trabajadores que se establecieron allí en el siglo XX, mientras que otros son inmigrantes recientes que llegaron desde otras partes de Brasil y se dedican a la agricultura y la ganadería¹⁷.
La tierra de fantasía de los Ford ha sido saqueada, pero no es una ciudad perdida. Detroit no es el único lugar donde Ford dejó su huella en forma de ruinas. Fordlandia es un testimonio de la locura y la arrogancia que implica intentar someter la selva a la voluntad del hombre, tras el infructuoso experimento de agricultura tropical extractivista¹⁸.
La historia de Fordlandia permite repensar los límites de los modelos utópicos modernos en contextos ecológica y culturalmente complejos. Analizar Fordlandia nos permite revisar este tipo de experiencias como advertencia y punto de partida para imaginar ecotopías futuras basadas en ecosistemas mestizos, donde la habitabilidad no se impone, sino que se negocia con el territorio, sus especies y sus memorias. Así, el fracaso de Fordlandia abre paso a nuevas visiones de coexistencia planetaria, no extractivistas ni coloniales.
Frente a la lógica extractivista que subyace a proyectos como Fordlandia, donde la naturaleza es reducida a recurso y el territorio a superficie de intervención, se vuelve urgente ensayar otras formas de imaginar lo habitable. Las ecotopías exitosas no parten de la proyección de modelos universales sobre paisajes diversos, sino del reconocimiento de las interdependencias entre seres humanos y no humanos, y de la co-construcción de mundos que emergen desde lo local, lo ancestral y lo híbrido. Ecosistemas mestizos no como mezcla pasiva, sino como territorios vivos en constante negociación simbiótica, histórica y política. Desde esta perspectiva, Fordlandia no solo testimonia un fracaso técnico, sino que revela las consecuencias de negar la inteligencia del lugar y sus ecologías sociales. Allí donde se impuso un sueño industrial homogéneo, hoy brota la posibilidad de una imaginación planetaria más situada, plural y sensible.
Henry Ford nunca llegó a conocer Fordlandia¹⁹.
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Referencias y notas:
1. Grandin, Greg. Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford's Forgotten Jungle City. Metropolitan Books, 2009.
2. Dean, Warren. Brasil y la ecología nacional. Fondo de Cultura Económica, 1996.
3. Hecht, Susanna B., y Alexander Cockburn. The Fate of the Forest. Verso, 2010.
4. Grandin, Fordlandia, cap. 2.
5. Loureiro, Felipe. "Henry Ford na Amazônia: entre o imperialismo e a utopia." História Unisinos, vol. 17, no. 3, 2013.
6. IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística).
7. Grandin, Fordlandia, cap. 3.
8. Barham, Bradford L., y Oliver T. Coomes. Prosperity's Promise: The Amazon Rubber Boom and Distorted Economic Development. Westview Press, 1996.
9. Schwartzman, Stephan. "Henry Ford e o fracasso de sua cidade na selva." Estudos Históricos, vol. 15, 1995.
10. Grandin, Fordlandia, cap. 4.
11. Ibid.
12. Dean, Brasil y la ecología nacional.
13. Hecht y Cockburn, The Fate of the Forest.
14. Grandin, Fordlandia.
15. Loureiro, "Henry Ford na Amazônia".
16. Grandin, Fordlandia, epílogo.
17. Reportes del IBGE y entrevistas etnográficas recogidas por Greg Grandin.
18. Escobar, Arturo. Designs for the Pluriverse: Radical Interdependence, Autonomy, and the Making of Worlds. Duke University Press, 2018.
19. Grandin, Fordlandia.